2 de noviembre de 2012

LOS 7 PRINCIPIOS DE LA ECOLOGÍA EMOCIONAL EN LAS RELACIONES




La ecología emocional es el único camino, si queremos sobrevivir como especie. Dedicamos toda nuestra vida a entrenar nuestra mente: adquirimos conocimientos y nos enseñan a pensa...
r, pero en el territorio emocional, en cambio, somos todos autodidactas, en mayor o menor medida.
Hay quien considera las emociones como obstáculos que interfieren en nuestra dimensión racional.

La Ecología Emocional sostiene que no es así y que las emociones son un lenguaje distinto y complementario.
Una mente inteligente pero desconectada de las emociones construiría mapas de decisión equivocados y peligrosos.
Las emociones dan color al paisaje y sirven para orientarnos en el mundo: nos indican si la ruta que hemos elegido es adaptativa o destructiva.

ECOLOGÍA

1. PRINCIPIO DE LA AUTONOMÍA PERSONAL.

Ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán.

2. PRINCIPIO DE LA PREVENCIÓN DE DEPENDENCIAS.

No hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos.

3. PRINCIPIO DEL BOOMERANG.

Todo lo que haces a los demás, también te lo haces a ti.

4. PRINCIPIO DEL RECONOCMIENTO DE LA INDIVIDUALIDAD Y LA DIFERENCIA.

No hagas a los demás aquello que quieres para ti. Pueden tener gustos diferentes.

5. PRINCIPIO DE LA MORALIDAD NATURAL.

No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti.

6. PRINCIPIO DE LA AUTO-APLICACIÓN PREVIA.

No podrás hacer y dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo.

7. PRINCIPIO DE LA LIMPIEZA RELACIONAL.

Tener el deber de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y no nos dejan crecer como personas.

No somos responsables de lo que sentimos (las emociones no se eligen ni se planifican) pero sí de aquello que hacemos con lo que sentimos.
Lo que importa es cómo se gestionan, lo que se hace con ellas. Escogemos nuestra actitud y nuestra conducta. ‘Pensar que algo nos será dado sin que hagamos algo por ello y quejarnos por no recibirlo, contribuye a la contaminación emocional.

No busquemos la excusa de nuestras emociones que nos perjudican o perjudican a los demás en los hechos de los otros.
Busquemos la causa, siempre, dentro de nosotros mismos, porque ninguna emoción de ningún ser puede tener acción en nosotros si nosotros estamos protegidos por el escudo del Amor y vibramos en esa sintonía.
Vos elegís qué deseas reflejar a tu entorno y eso mismo recibirás.
Desde el amor y al servicio del Amor.

MERCÉ CONANGIA Y JAUME SOLER
De su libro "Ecología Emocional"

Congreso de Psiquiatria - Suicidios por depresión aumentan en el país; la mayoría son jóvenes

 

MÁS DEL 60% DE LOS QUE SE SUICIDAN HA SUFRIDO LA ENFERMEDAD

Santo Domingo
La depresión es la primera causa de consulta entre las enfermedades mentales. Aunque es más común que aparezca en la segunda mitad de la vida, entre 20 y 40 años, en los últimos cinco años se ha registrado un aumento entre la población de 12 a 19 años.
Las consultas por esa enfermedad en los jóvenes se han incrementado en cerca de un 40% y la mayoría de los afectados tiene entre 15 y 35 años, según datos ofrecidos en el XV congreso Internacional de Siquiatría, que se celebra en Bayahibe.
El presidente del gremio, José Miguel Gómez, explica que esa patología si no es tratada a tiempo puede degenerar en situaciones más lamentables, como el suicido.
Las estadísticas oficiales muestran que más del 60% de los que se suicidaron en los últimos dos años sufrió depresión. Las mujeres son las que más sufren la enfermedad de depresión, dos por cada hombre, mientras que los varones se suicidan tres veces más.
Los datos indican, además, que más de la mitad de los que se suicidaron por depresión no recibieron ayuda emocional. Esto es calificado por Gómez como altamente preocupante, ya que la consejería y la medicación son esenciales para tratar el problema.
“La depresión es la primera causa de visita a un siquiatra, y es la segunda causa de ausentismo laboral y de mala calidad de vida, después de las enfermedades cardiacas”, aseguró.
Lamentó que al mes se quite la vida un promedio de 35 personas, siendo cerca del 31 por ciento adolescentes.
Al respecto, la sicoterapeuta familiar Rosa María Brea Franco consideró preocupante el incremento de la depresión y el suicidio en los adolescentes y dijo que revisan patrones de crianza, y aspectos biopsicosociales que inciden y ponen a ese segmento poblacional en riesgo. Resaltó la importancia de enseñar habilidades en los jóvenes para enfrentar las tensiones y la comunicación entre la familia y la escuela.

1 de noviembre de 2012

Todos tenemos luz propia como la luciernaga

 
LA PEQUEÑA LUCIÉRNAGA

Había una vez una comunidad de luciérnagas que habitaba el interior de un gigantesco lampati, uno de los árboles más majestuosos y antiguos de Tailandia. Cada noche, cuando todo se volvía oscuro y apenas se escuchaba ...
el leve murmurar de un cercano río, todas las luciérnagas salían del árbol para mostrar al mundo sus maravillosos destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luc
es, bailando al son de una música inventada para crear un sinfín de centelleos luminosos más resplandeciente que cualquier espectáculo de fuegos artificiales.

Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.

- No, hoy tampoco quiero salir a volar -decía todos los días la pequeña luciérnaga-. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.

Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.

-¡Que no quiero salir afuera! -repetía una y otra vez-. ¡Mira que sois pesados!
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su pequeña compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.

-No te preocupes, mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día de estos sale a volar con nosotros.

Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.

Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y le preguntó con mucha delicadeza:
-¿Qué es lo que ocurre, mi pequeña? ¿Por qué no quieres venir nunca con nosotros a brillar en la oscuridad?

-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
-Pero, ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu maravillosa luz? -insistió la abuela luciérnaga.

-Pues… -explicó al fin la pequeña luciérnaga-. Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado no soy nada. Soy tan diminuta que en comparación parezco una simple chispita. Por eso siempre me quedo en casa, porque nunca podré brillar tanto como la luna.

La abuela había escuchado con atención las razones de su nieta, y le contestó:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que debería saber y, visto lo visto, desconoces. Si al menos salieras de vez en cuando, lo habrías descubierto, pero como siempre te quedas en el árbol, pues no lo sabes.

-¿Qué es lo que he de saber y no sé? -preguntó con impaciencia la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches -le contestó la abuela-. La luna es tan variable que cada día es diferente. Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.

-¿De veras hay noches en las que la luna no sale? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga.

-Así es -le confirmó la abuela. La luna es muy cambiante. A veces crece y a veces se hace pequeñita. Hay noches en las que es grande y roja y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.

La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.

Y a partir de aquel día, la pequeña luciérnaga decidió salir a volar y a bailar con su familia y sus amigos. Así fue como nuestra pequeña amiguita aprendió que cada uno tiene sus cualidades y por tanto, cada uno debe brillar con su propia luz.
 

 DESCONOCIDO